I. Pedro Figari en hipertexto

De Pedro Figari a Justino Zavala Muníz, París, 22 de enero de 1931



Paris, 22 Enero de 1931.
Señor don Justino Zavala Muniz
MONTEVIDEO

Mi estimado compatriota y amigo:

Acabo de recibir su libro CRÓNICA DE LA REJA, y solo he podido echar una mirada y saborear algunos pasajes.Pienso poder leerlo detenidamente, apenas tenga días más tranquilos.Me siento de tal modo impulsado por la costumbre de razonar, que me cuesta dejar de hacerlo por mi cuenta, para seguir otras excogitaciones. Le aseguro que hube de hacer acto de voluntad para repechar, y solo por haberme afirmado en esta disciplina puedo esperar una reconstitución del Figari-pintor, casi muerto a fuerza de penas y desencantos.

Para pintar preciso es sentir que el espíritu se halla en estado, lo propio que para tocar el violín se requiere sentirlo afinado.

Aquí se aman las artes, las de solaz más aun que las utilitarias, y cuando ven a un músico, un escritor, un pintor, etc, sea hombre o mujer, los miran con simpatía, casi compasivamente, como si dijesen: “¡Pobre; en la que se ha metido!” 1) No por eso dejan de considerar reverenciosarnente a los triunfales, según se comprende. Es que por aquí se ha comprendido no tan solo cuán fácil es el fracaso, sino cuanto bien hacen aquellos que han abierto veneros de observación verdaderos, ventanales para dejar ver la realidad desde nuevos puntos de vista a veces insospechados.Y esto se festeja y agradece, que es lo menos que puede hacerse para con aquel que antes inspiró tan lastimera compasión. No debalde andan los pobres cultores de estas culturas con sus barbas y cabelleras a veces tan alborotadas, y en descuido como si perteneciesen a alguna congregación religiosa, a la espera de bienes que solo pueden disfrutarse en el otro mundo.Es triste, no poco triste el ver tanto fracasado, a veces con mucho talento. Y es que basta una simple deficiencia, el carecer de un elemento imperceptible cualquiera, para volcarlo al canasto.

Le agradezco mucho, mi amigo, el envío y la afectuosa dedicatoria, y apenas pueda ir a la casa impresora he de remitirle mi último impreso.

Con un cordial y amistoso apretón de mano,

Pedro Figari

1) 1. Allá parecen decir: “¡Jesús, qué atorrante!”…