I. Pedro Figari en hipertexto

Figari, Pedro: Industrialización de la América Latina. Autonomía y regionalismo. CARTA ABIERTA dirigida por el doctor Pedro Figari al Excmo. señor Presidente de la República Oriental del Uruguay, doctor Baltasar Brum, y a los señores miembros del H. Consejo de Administración que integran el Poder Ejecutivo: doctor Feliciano Viera, Presidente; doctor Ricardo J. Areco; doctor Domingo Arena; doctor Carlos A. Berro; doctor Pedro Cosio; doctor Martín C. Martínez; don Santiago Rivas; doctor Francisco Soca; doctor Alfredo Vásquez Acevedo, Vocales. 1919




Una gran iniciativa del Uruguay

Distinguido compatriota:

La paz que se quiere erigir sobre los duros aleccionamientos de la guerra enorme y sangrienta que está a punto de terminar, indica a la América Latina, más que la conveniencia, la necesidad de industrializarse. Lo que antes se aconsejaba como acto de previsión juiciosa, es hoy un mandato imperativo que formulan los acontecimientos con toda precisión. Si pudo haber alguna duda acerca de que tal necesidad era perentoria también para nosotros, como lo ha sido sie¡mpre para toda agrupación humana, y tanto más cuanto más ésta pretenda marchar en el plano de los progresos que realizan los pueblos afanosos de adelanto, dicha duda se disipa al ver cómo se esmeran las propias naciones combatientes, las más aptas inclusas, para reformar y ampliar sus métodos de producción industrial y de cualquier otro género, si bien más eminentemente industrial que nada, seguros de que la paz traerá consigo una vida de trabajo, de trabajo intenso, de viva emulación productora en todos los terrenos de la acción constructiva, y de concurrencia empeñosa.

De tal modo es impostergable esta obra, la más fundamental que en la hora presente plantean los acontecimientos a los pueblos de la América del Sud (cuyo atraso en esta materia resalta al compararlos con los del Norte); es de tal modo inaplazable, digo, que podría ser sintetizada con el dilema siguiente: « O nos industrializamos, o nos industrializan.» Se ha puesto ya tan manifiestamente la mira de la iniciativa extranjera sobre nosotros, sobre nuestras riquezas regionales, mejor dicho, que nadie hace misterio de que son estas comarcas las que han de reponerlos principalmente de sus quebrantos. Se exhorta a los técnicos y estudiosos a examinar los problemas que demanda la explotación de nuestros filones y veneros preciosos; se forman comités para explorar estos territorios opulentos librados a nuestra desidia, - los mismos que conocen ya mejor que nosotros, tal vez, en lo que atañe a riquezas materiales, por lo menos, - y como esta conquista, por su propia índole, más que por el recurso de nuestra suficiencia, por nuestra idoneidad, y hasta estólido sería resistirla por otros arbitrios, aunque fuese posible, tendremos que bajar cerviz como inferiores, ineptos para la empresa de nuestro desenvolvimiento integral, y de nuestro propio enriquecimiento a obtenerse con los caudales acumulados en nuestra propia casa, diríase. Si no tomamos disposiciones inmediatas no podremos asumir iniciativas, y, quizá, ni siquiera colaborar directivamente, tocándonos el subalterno papel de manuales o amanuenses en esa empresa que debiera ser particularmente nuestra, para poner en alto nuestra dignidad por lo menos. Fácilmente se comprenderá que en nuestro incondicionalismo desamparado ante tal cúmulo de concupiscencias, no hay que esperar honor ni provecho.

Habiendo, como hay, calidades tan estimables en la complexión étnica de estos pueblos, y de tan fácil cultivo; habiendo, además, como hay, muchos estudiosos, no sólo competentes, sino eximios; dejarlos dispersos en la hora de las emancipaciones a lograrse por el estudio y el trabajo, inhabilitados para sumar y hasta para compulsar sus fuerzas, es abandonar dicha obra a las presiones exteriores, las que no consultarán nada más ni mejor que su propio interés, y es dejarla exenta de todo sello propio, de toda individualidad regional: colmo de incuria y colmo de imprevisión.